Existen escritores que paren de la pluma, o no sé, las palabras llegan fecundas a ellos y si los escuchas hablando, todos coinciden con que no existe la inspiración, eso es una palabra inventada por los mortales carentes de talento… pueden que tengan razón, a ellos se les dio el don de la invención escrita del mundo en blanco y negro, del ingenio de los mundos, mejor dicho, de la razón de vivir en varios mundos y bueno, escriben…
Hay mortales que con sus vivencias, la mayoría de ellos dentro de esa extraña cosa llamada soledad o depresión o etapa negra o melancolía o despecho o vacio (tantos nombres para algo que aun no se le define), son capaces de atrapar la letra y en momentos ser virtuosos de la palabra escrita (ajenos a ellos)y bueno, escriben…
Unos en una orilla, otros en la otra, y pregunto, es el mismo rio?, yo me encuentro en una de esas orillas donde un tiempo fui tan fecunda de palabras paridas a montones… y que ahora se me acusa de no tener ninguna. En este momento, preciso…
Pensando, pensando, pensado, conclusiones llegan y no satisfacen y se van pero alguna idea queda para darle a la venita, no esa de la cabeza, si no de ese órgano que nos empeñamos a denominar como el generador de sentimientos llamado corazón. Una de esas ideas dice: Oye, sabes porqué estas dormida de letras? Tu no eres escritor, y esa que una vez atrapaste la musa y deletreabas, escupicas, engullías y de una forma abstracta lo expresabas escrito, solo proyectaba lo necesitado; tu parte ahora está saciada, tienes contigo aquel que hace suficiente el respiro y por eso muere la inspiración… es que inspiración no existe sino necesidades para quien no es escritor…
Me bastas, y por eso no tengo letras, no hay excusas lo se, solo entiendolo así, luego de analizarme por qué no tengo el ansia del trasnocho para la pluma llorosa y descarnada, porque estás y me bastas… pero pronto seré aprendiz y la tinta será mi amiga y crecerán poemas en mi mano llenos de esta vastedad de amor que me cubre. Promesa es promesa y en la letra permaneceremos amor.
Amote, de una manera sin letra, pero toda ella escrita.